• Existe un deterioro de la salud mental muy elevado, con un aumento de personas en tratamiento psicológico o psiquiátrico.
  • El empleo remoto se empieza a percibir como un riesgo más que una ventaja, ya que está relacionado directamente con una gran carga de trabajo.
  • Hay otros factores que también afectan el bienestar del personal.
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La otra pandemia silenciosa, la de la salud mental, es cada vez más una realidad para todo el mundo, especialmente cuando las personas tienen una carga de trabajo excesiva.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) anunció antes de la llegada del Covid-19 que el estrés y la depresión eran uno de los principales riesgos para las personas. También hallaron que los padecimientos se relacionaban con el mundo laboral.

La organización indicó en 2015 de que Â«no hay salud sin salud mental». Esta condición, que se agrava con el paso del tiempo y con la precarización de las condiciones de vida, «despuntó» con la pandemia.

Uno de los problemas que afrontar después de haber vuelto a cierta normalidad, son las secuelas mentales. Hay un deterioro de la salud mental muy elevado, con un aumento de personas en tratamiento psicológico o psiquiátrico.

Las condiciones relacionadas con el trabajo (especialmente con la carga de tareas) son el principal motivo de la falta de salud mental. Esto queda en evidencia con fenómenos como la Gran Renuncia, que tuvo mayor auge en Estados Unidos, o la «renuncia en silencio».

En México existe la NOM 035, donde se exige a las empresas tener lineamientos para cuidar y proteger a su plantilla laboral de enfermedades relacionadas con las emociones.

No obstante, una carga de trabajo abundante, la precariedad, la autoexigencia y los malos jefes, son las dinámicas que el Covid aceleró. Esto causó el aumento de casos de depresión, estrés y ansiedad. 

Según la investigación Â«Empleo, trabajo y riesgos para la salud mental: análisis y propuestas de intervención«, llevada a cabo por Óscar Pérez Zapata y Gloria Álvarez Hernández, los factores con mayor riesgo para la salud mental son la intensidad del trabajo, la precariedad, las relaciones de conflicto y el sentido de las tareas diarias.

Pérez Zapata, profesor del Departamento de Gestión Empresarial de la Universidad de Comillas, dio a conocer los detalles del estudio.

La carga de trabajo está por encima de la precariedad

Durante la pandemia surgieron cuatro miedos respecto a la salud mental: 

  • A contagiar
  • A la crisis económica
  • Al deterioro de las relaciones sociales
  • Por los riesgos relacionados con el trabajo remoto

Laborar desde casa y la cierta flexibilidad se empieza a percibir como un riesgo más que una ventaja; está relacionado directamente con una carga de trabajo excesiva y con la no desconexión, explicó el profesor. 

«Cuando nos preguntan hacia dónde va el mundo (laboral), siempre respondemos que se dirige a la precarización. Es decir, inseguridad, bajos salarios, alta rotación e intensificación (de las tareas). Esta última está ligada al aumento de las cargas de trabajo en las que hay que dar respuestas cada vez más rápido», agregó.

Para Pérez Zapata, haciendo referencia a los modelos de estrés tradicionales en la investigación, no importa si tienes cargas mientras tengas recursos: control en el trabajo, apoyo social, flexibilidad real, entre otros.

Pero esto se convierte en un problema cuando existen muchos picos de estrés prolongados en el tiempo y no se cuentan con herramientas para sobrellevarlos. 

Las personas trabajadoras se sentirán agotadas y empiezan a experimentar patrones de estrés, ansiedad y depresión. 

Quienes tienen empleos relacionados con lo digital son mucho más sensibles a la intensificación del trabajo

La hiperconexión, a través de los dispositivos digitales, hace estar atentos al correo y las notificaciones todo el tiempo.

Por ejemplo, en la encuesta de Grupo Adecco titulada «Desconectarse para reconectar», las personas tienen dificultades para alejarse de su teléfono o computadora.

«Para los colaboradores ‘desconectarse’ del trabajo parece más difícil cuando laboran desde la oficina que cuando lo hacen desde casa (24% vs 17%). Es más complicado (…) para las generaciones más jóvenes, especialmente cuando (laboran en un corporativo o asisten a un espacio físico de lunes a viernes)», según un comunicado.

Y esto se refuerza en el estudio de Álvarez Hernández y Pérez Zapata.

«Los trabajadores digitales son mucho más sensibles a las cargas laborales y a la intensificación del trabajo que los no digitales», afirmó el profesor.

«Si comparamos a los empleados desde el punto de vista de la carga de trabajo entre los que tienen entornos digitales y los que no, los primeros están más expuestos a tener problemas de salud mental». 

La jornada laboral reducida presenta un riesgo para la salud mental de las mujeres

Esta medida, largamente extendida en el mundo laboral, se presentaba como una de las claves de la conciliación familiar.

Sin embargo, tiene ciertos riesgos para la salud mental, especialmente para las mujeres. Todavía son ellas las que se reducen la jornada para encargarse de los cuidados familiares y las tareas del hogar. 

Los hombres tienen más probabilidades de tener enfermedades relacionadas con este rubro debido a la carga de trabajo, como evidencia el estudio.

No obstante, para las mujeres, que desempeñan más puestos relacionados con la salud y educación, cuentan con empleos demandantes, en posiciones subordinadas; se suman también las tareas no remuneradas. En conjunto, hacen que aumente su propensión a padecimientos de salud mental.

«La reducción de la jornada no significa trabajar menos horas, sino de forma más precaria», consideró Pérez Zapata.

«Además de atender las demandas en el trabajo, al pasar más horas en el hogar, aumentan las labores relacionadas con las tareas domésticas», lo que incrementa la presión sobre las mujeres y afectando a sus niveles de estrés. 

Algunas medidas para poder reducir los riesgos en la salud mental

El debate sobre la jornada de cuatro días entra en este rubro. La propuesta de la jornada reducida a 32 horas semanales en cuatro días en vez de las 40, repartida en cinco, todavía es un proyecto piloto a nivel mundial. 

Sin embargo, esta discusión sobre los días y las horas de la jornada laboral no es tan importante para Pérez Zapata. Esto porque primero hay que poner el enfoque en la calidad y el ritmo del tiempo de labores.

Una estrategia podría ser otorgar incentivos a las compañías. Actualmente, no están sensibilizadas sobre la importancia de mejorar las condiciones de trabajo, no solo de la carga, para la salud mental. 

Si se quiere frenar el problema «la administración pública tiene un papel que jugar a través de incentivos. Dar subvenciones a las empresas para que dediquen recursos a estudiar sus características específicas e implementar acciones a su medida, puede ser una de las soluciones». 

Otra motivación podría ser hacer obligatoria la publicación del número de empleados que tienen licencia por cuestiones de salud mental. 

«De esta manera, las empresas se cuidarían mucho de hacer lo posible para que sus trabajadores se encuentren en las mejores condiciones posibles», concluyó. 

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