Paul Sánchez

Paul Sánchez

Energía Circular

«Este siglo puede ser llamado, de forma creíble, el siglo de la descarbonización»

-Angela Merkel

Esta semana iniciamos con la primera entrega de una serie de cuatro partes denominada “las D del futuro energético”, a saber: descarbonización, digitalización, descentralización y democratización. Para empezar tocamos el tema de la descarbonización que es una de las demandas sociales que ha tomado más fuerza en los últimos años.

La descarbonización se refiere al proceso de eliminar las fuentes de emisiones de gases de efecto invernadero en las economías que, por simplificación, se mide en dióxido de carbono equivalente. De tal forma que las palabras carbón o carbono, en este sentido, se utilizan como referencia a ello.

La tarea no es sencilla pues se requiere avanzar en medios de transporte que utilicen fuentes renovables de energía, donde el principal reto se encuentra en aeronaves y grandes embarcaciones; así como en eficiencia energética en construcciones, aparatos electrónicos y procesos industriales; y, por supuesto, en la generación de energía eléctrica.

Dicho de otra forma, la descarbonización sería el resultado más importante de una profunda transición energética donde se elimine, o al menos se reduzca al mínimo estrictamente necesario, el uso de fuentes fósiles de energía. El reto es mayúsculo, sin embargo, ya es parte de la agenda internacional contenida en el Acuerdo de París.

En materia de generación de energía eléctrica, las tecnologías renovables, particularmente solar y eólica, han reducido sus costos de manera acelerada en los últimos 10 años. Con los bajos costos tecnológicos, la proliferación de proyectos renovables se ha acelerado en todo el mundo. Proyectos de gran escala, ya sea eólicos, terrestres y marinos, así como grandes granjas solares han aparecido en todos los continentes.

Pero no se ha detenido ahí. En pequeña escala, en aquellos lugares donde los proyectos han encontrado tierra fértil, los techos se han cubierto de paneles fotovoltaicos para la generación distribuida de energía, lo que permite a los usuarios de mercados más básicos ahorrar en sus recibos de energía y reducir emisiones de gases de efecto invernadero, mientras que en los mercados más avanzados, pueden cargar sus autos eléctricos, almacenar energía y vender energía a la red o a sus vecinos.

No obstante, para seguir avanzando en el sentido correcto de la descarbonización se requiere avanzar en el desarrollo tecnológico de baterías de nueva generación que puedan almacenar la energía generada por las fuentes renovables y exorcizar el fantasma de la intermitencia de forma permanente.

Las políticas de descarbonización de mediano y largo plazo incluyen, además de los incentivos para utilizar fuentes renovables y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en la producción, la penalización por emisiones en el consumo de energía. En algunos países ya se han desarrollado mercados avanzados de bonos de carbono donde se debe pagar o compensar por las emisiones directamente relacionadas con su consumo energético; ya sea en combustibles tales como carbón, gasolinas y gas natural; o en electricidad, dependiendo del mix energético que se haya utilizado para su generación.

Finalmente, la descarbonización en el futuro energético global será complementada por otros elementos como la digitalización, la descentralización y la democratización que en conjunto generan una retroalimentación positiva entre cada uno de ellos para beneficio de todos los ciudadanos del mundo. Sobre estos hablaremos en las siguientes columnas. Hasta entonces. 

Las opiniones publicadas en esta columna son responsabilidad del autor y no representan ninguna posición por parte de Business Insider México.

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