• A pesar de la retórica de sostenibilidad del COI, los Juegos Olímpicos a menudo agravan problemas ambientales en las ciudades anfitrionas, como la contaminación del agua y la destrucción de ecosistemas.
  • Las ciudades anfitrionas suprimen frecuentemente las voces de los activistas ambientales, utilizando vigilancia, represión policial y zonas de protesta alejadas.
  • Conforme se acerca París 2024, persisten controversias ambientales y sociales, como la contaminación del río Sena y la represión de los más vulnerables.
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Mientras los Juegos Olímpicos de París 2024 se acercan rápidamente bajo la sombra de la crisis climática, activistas y defensores continúan planteando preguntas sobre el compromiso del Comité Olímpico Internacional (COI) con uno de los tres pilares de la Agenda Olímpica: la sostenibilidad.

Y con razón. A pesar de la retórica optimista del COI y de los comités anfitriones, la explotación ambiental por parte de los países sede y la supresión de la oposición a dicha explotación siguen siendo una característica preocupante de los Juegos Olímpicos a lo largo del siglo XXI.

Si la filosofía del Olimpismo del COI realmente abarca el “desarrollo armonioso de la humanidad, con vistas a promover una sociedad pacífica preocupada por la preservación de la dignidad humana”, ¿por qué se pasan por alto constantemente las cuestiones ambientales que rodean los Juegos?

El Olimpismo solo añade valor a la sociedad cuando funciona como una brújula moral y ética, en lugar de como una simple herramienta de relaciones públicas.

Sin embargo, hay pruebas contundentes de que esto último es la realidad.

Enfoques contradictorios

Es evidente que el COI y los activistas verdes tienen planteamientos contradictorios en lo que respecta a la gestión ambiental.

El COI se limita a hablar de estas preocupaciones. Por su parte, el segundo lucha por evitar la destrucción ambiental causada por la propia celebración de los Juegos Olímpicos.

Aunque estos eventos tienden a apoyar la retórica ambiental —con las declaraciones de los comités de candidatura y organizadores esperanzados de que su evento sea el “más verde” o “más sostenible”—, los activistas han señalado durante mucho tiempo los daños ambientales presentes en las ciudades anfitrionas antes de que inicien los Juegos Olímpicos.

De hecho, a menudo estas se agravan con la construcción de las sedes olímpicas.

Los ejemplos incluyen:

  • Desechos tóxicos vertidos en la bahía de Homebush antes de los Juegos Olímpicos de Sydney 2000
  • Aguas contaminadas en la bahía de Guanabara, donde se realizaron eventos de vela en los Juegos Olímpicos de Río 2016
  • Desechos de construcción que contaminaron el río Mzymta durante el desarrollo de las instalaciones para los Juegos Olímpicos de Sochi 2014

Los activistas también han señalado los costos humanos de la destrucción ambiental asociada con los Juegos Olímpicos.

Por ejemplo, antes de Rio 2016, la gentrificación de Vila Autódromo —una favela ubicada en el borde del Parque Olímpico— resultó en el desplazamiento forzado de los residentes.

La antorcha olímpica también pasó por tierras de las tribus guaraníes y terena. Estas sufrieron el robo de tierras, el despojo y la violencia de los agricultores y madereros.

Suprimiendo las voces de los activistas

Las preocupaciones de los defensores del medioambiente suelen ser desestimadas como distracciones del espectáculo olímpico.

Los activistas son caracterizados como “aguafiestas” que restan valor a las emociones de “bienestar” asociadas con la organización de los Juegos Olímpicos. Asimismo, entorpecen los esfuerzos de los comités de candidatura.

Un punto que preocupa aún más es que las ciudades y los países anfitriones suprimen las voces de los defensores del medioambiente. A ellos se les suele ver como amenazas a la seguridad.

Lo anterior provoca la movilización de entidades de vigilancia y seguridad privadas y públicas para vigilarlos, identificarlos, reprimirlos y detenerlos.

En 2013, la policía lanzó gases lacrimógenos y cañones de agua contra manifestantes ecologistas que protestaban contra los planes del Comité de Candidatura Olímpica de Estambul para desarrollar el parque Gezi, un importante y raro espacio verde.

El alcalde sugirió que las protestas harían que la celebración de los Juegos Olímpicos de 2020 fuera “nada más que un sueño”.

No todos los anfitriones (o aspirantes a anfitriones) recurren a este tipo de medidas. En el pasado, también han creado zonas de protesta para que los activistas ambientales se manifiesten y expresen su desacuerdo con los Juegos, el COI o los gobiernos anfitriones.

Sin embargo, los anfitriones tienden a colocar estas zonas fuera de la vista. Además, los grupos de protesta necesitan un permiso para poder acceder a ellas.

De hecho, en 2008, estas zonas se utilizaron para detener a los manifestantes.

Vigilancia, espionaje y policía

Han habido varios casos en que las ciudades candidatas y anfitrionas de los Juegos Olímpicos han utilizado la vigilancia, el espionaje y la policía para amordazar a los activistas medioambientales.

El ambientalista Hu Jia fue arrestado y sentenciado a 3.5 años de prisión por “incitar a la subversión del poder estatal” antes de los Juegos Olímpicos de Beijing 2008. Human Rights Watch acusó al gobierno chino de hostigar, intimidar y detener a otros activistas.

En vísperas de Sochi 2014, las autoridades prohibieron la entrada a la ciudad a activistas, incluyendo sus propios habitantes. Quienes realizaban investigaciones sobre cuestiones medioambientales relacionadas con los Juegos Olímpicos fueron amenazados con la intervención del gobierno y el cierre de sus oficinas.

Yevgeny Vitishko, activista medioambiental y abierto crítico del historial medioambiental de Sochi 2014, fue arrestado y condenado a tres años en una colonia penal.

Represión en el Occidente

Gran parte de la cobertura mediática de este asunto se presenta como un problema limitado al Sur Global o a países como China y Rusia, que son oponentes políticos de Occidente.

No obstante, este planteamiento es engañoso, ya que también existen ejemplos en países como Canadá y el Reino Unido.

Coca-Cola y Dow Chemical utilizaron una empresa de inteligencia privada, Stratfor, para vigilar a los activistas antes de los Juegos Olímpicos de Vancouver 2010. 

Además, la iniciativa Proyecto Ciudad Civil lanzada por Vancouver en preparación para el torneo tenía como objetivo regular y reducir el “desorden callejero”.

En realidad, esto significó atacar a las personas sin hogar y a otros “indeseables” de la ciudad para limpiar su imagen pública como ciudad olímpica “global”.

Y en Londres, las empresas de construcción Robert McAlpine Ltd y Balfour Beatty activamente pusieron en la lista negra a trabajadores sindicalistas y activistas “problemáticos” para que no trabajaran en varios proyectos. Esto incluyó las sedes olímpicas para los Juegos Olímpicos de 2012.

El COI, en su calidad de “autoridad suprema” del Movimiento Olímpico, es la única entidad capaz de cortar estos abusos. Sin embargo, no lo ha hecho y su inacción legitima exacerba aún más la represión del activismo ambiental por parte de las ciudades y los estados.

Exigir cuentas al COI

COI medioambiente
Unsplash

De cara a los Juegos Olímpicos de París 2024, la capital francesa no está libre de controversias ambientales y sociales.

El 18 de junio, el nivel de E. coli en el río Sena —donde se practicará natación en aguas abiertas y una parte del triatlón— era 10 veces superior al nivel aceptable

Los parisinos han amenazado con defecar en el río para protestar por la cantidad de dinero que la ciudad destinó a prepararlo para el evento, en lugar de abordar problemas sociales más urgentes.

Al mismo tiempo, la policía de París está apuntando a los más vulnerables de la ciudad en el periodo previo a los Juegos Olímpicos. Esto incluye desmantelar campamentos de personas sin hogar, acostar a trabajadoras sexuales y deportar a inmigrantes como parte de un programa de “limpieza social”. Este último sigue siendo una táctica distintiva de las ciudades anfitrionas olímpicas.

París 2024 ofrecen una excelente oportunidad para que los periodistas y los medios de comunicación iluminen las voces de los defensores del medio ambiente.

También para que exijan cuentas al COI y a las autoridades francesas en su interacción con los activistas, al mismo tiempo que mantienen un saludable escepticismo sobre de los prometidos legados “verdes” de los Juegos Olímpicos de París.

Este artículo se publicó originalmente en inglés.

*The Conversation es una fuente independiente y sin fines de lucro de noticias, análisis y comentarios de expertos académicos.

*Adam Ali es profesor adjunto en la Facultad de Kinesiología de la Universidad de Western. Jay Johnson es profesor en la Facultad de Kinesiología y Gestión de la Recreación en la Universidad de Manitoba. MacIntosh Ross es profesor adjunto de Kinesiología en la Western University.

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