Paul Sánchez

Paul Sánchez

Energía Circular

La nación que lidere en energía renovable será la nación que lidere el mundo

James Cameron

Podemos definir una revolución energética como aquel fenómeno en el que una serie de cambios tecnológicos, económicos y sociales permiten un aumento exponencial de la cantidad de energía al alcance de las sociedades y transforma radicalmente sus estructuras sociales, económicas y políticas. En la historia mundial hay dos grandes acontecimientos encajan con esa descripción.

La primera es llamada “revolución neolítica” y es cuando se desarrolló la agricultura y la ganadería en el periodo posglacial, alrededor del año 10,000 A.C. Esto permitió que florecieran las primeras sociedades sedentarias pues, al aumentar la producción de alimentos, hubo una mayor división social del trabajo y disminuyó la cantidad de tiempo, energía y personas dedicadas a la caza y la recolección.

La revolución neolítica transformó radicalmente la historia de la humanidad y sentó las bases del sistema económico que perduró hasta la revolución industrial. Las sociedades que dominaron la agricultura dedicaron más tiempo a esfuerzos militares que derivaron en el surgimiento de los primeros imperios y el esclavismo o la servidumbre como un modelo de producción basado en el trabajo de la tierra para producir más alimento. O, dicho de otra forma, energía para las sociedades.

La segunda inicia con la revolución industrial, a mediados del siglo XVIII, y detonó la masificación de la máquina de vapor y el uso de los combustibles fósiles como el carbón y el petróleo. En tan solo un par de siglos, la cantidad de energía al alcance de las sociedades se incrementó exponencialmente y se reemplazó la mano de obra en los telares y el uso de animales para el trabajo y el transporte.

Sin embargo, el modelo industrial, que persiste en nuestros días está basado en el consumo de fuentes fósiles de energía. Esto, indudablemente ha tenido una correlación directa con el desarrollo económico y bienestar mundial, pero ha traído consigo impactos socio ambientales y fomentado el calentamiento global.

En años recientes, las innovaciones tecnológicas, sociales y digitales comienzan a delinear algunos aspectos que podrían ser las puntas de lanza de una tercera revolución energética. Por un lado, la innovación tecnológica está caracterizada por un incremento de la demanda per cápita de electricidad a causa del aumento y la personalización de dispositivos tecnológicos: smartphones, laptops, tablets y hasta patines y automóviles eléctricos.

Por otro lado, la innovación social se manifiesta a través de una mayor demanda de la sociedad a sus gobernantes para impulsar el desarrollo de políticas que fomenten la adopción de energías renovables y promuevan una transición energética que sustituya a las fuentes fósiles.

En conjunto con las anteriores, la innovación digital está impulsada por una creciente interconectividad y digitalización entre los centros de producción y consumo. Esto da pie al desarrollo de nuevas actividades como la minería de datos, las redes sociales y la inteligencia artificial, que requieren como insumo principal la energía eléctrica.

En suma, el crecimiento de la demanda eléctrica per cápita, la transición energética y el incremento del consumo eléctrico en un entorno digital comienzan a sentar los pilares de una tercera revolución energética basada en las fuentes renovables y almacenamiento eléctrico que, sin duda, aumentarán la cantidad de energía disponible y transformará las estructuras tecnológicas, económicas y sociales en todo el mundo.

Las opiniones publicadas en esta columna son responsabilidad del autor y no representan ninguna posición por parte de Business Insider México.

Descubre más historias en Business Insider México

Síguenos en Facebook , Instagram y Twitter

Consulta a más columnistas en nuestra sección de Opinión