José Salgado

José Salgado

Economía Espacial

Actualmente existen alrededor de 30,000 satélites activos; algunos de ellos se encuentran en la órbita baja de la Tierra o LEO como se le conoce por sus siglas en inglés. Otros están en órbitas geoestacionarias o GEO también por sus siglas en inglés.

Los satélites en GEO orbitan de manera fija a un mismo punto en la Tierra. Por ejemplo, un satélite que transmite paquetes de datos de comunicación para México tiene que estar activo las 24 horas, ya que si estuviera en LEO, tendríamos que esperar a que el satélite pasara por el mismo punto aproximadamente cada 90 o 120 minutos. 

Ese problema se resuelve con múltiples antenas situadas en varias partes del planeta, pero su uso es principalmente la observación de la Tierra. Para mayor contexto, el nuevo proyecto de Elon Musk, llamado Starlink que busca proveer a todo el mundo de internet satelital, utilizará una constelación de aproximadamente 40,000 pequeños satélites que permitirán mantener una conexión en todo momento.  

En una columna pasada ya explicamos qué les sucede a los satélites cuando dejan de funcionar. Todos ellos se desintegran al entrar a la atmósfera terrestre; sin embargo, dependiendo de la altura a la que se encuentren y su peso, este proceso puede tardar de 3 a 80 años. 

Sin embargo el riesgo de colisión con la Tierra es real. De hecho en 1977 un satélite de la ex-unión soviética, derramó desechos radiactivos sobre el territorio norte de Canadá. Como respuesta a este incidente, el gobierno canadiense emitió una factura de 6 millones de dólares para cubrir los gastos de limpieza; los soviéticos pagaron solamente 3 millones.

Reutilizar los satélites inactivos

Hace pocos días y gracias a la empresa Northrop Grumman, los satélites inactivos ahora podrán ser reutilizados. Este logro se perfila como uno de los más importantes en la comercialización y la conservación del espacio. 

El 12 de abril, que también fue el día mundial de los vuelos espaciales tripulados según la ONU, se llevó a cabo de manera exitosa el segundo acoplamiento en el espacio de dos satélites en movimiento.

El satélite MEV-2 de Northrop Grumman se ancló al satélite IS-10-02 que pertenece a la estadounidense Intelsat y que estaba en órbita desde 2004. Gracias a esto, el satélite de Intelsat podrá extender su vida por 5 años más, aumentando su productividad, eficiencia y reduciendo la cantidad de desechos espaciales.  

Intelsat

Contrario a lo que se pueda creer, uno de los mayores problemas que experimentan los satélites es la falta de combustible, vital para ajustar su órbita, evitar una colisión o calibrar sus sensores con las antenas en la Tierra. 

Debido al elevado costo de lanzamiento por kilogramo, los satélites cuentan con una limitada cantidad de combustible. Por ello, el logro de esta empresa vuelve mucho más realista la posibilidad de una estación de servicio en la órbita; es decir, una gasolinería espacial.

No menos importante fue la misión del satélite MEV-1, precursor del MEV-2, que en febrero de 2020, también se acopló a otro satélite de la misma compañía Intelsat. Sin embargo al MEV-1 le tomó tres meses llegar a su destino, ya que el satélite de Intelsat se encontraba en la órbita geoestacionaria a casi 36,000 km de distancia de la Tierra. 

Luego del acoplamiento, MEV-1 logrará extender la vida operacional del satélite de Intelsat por cinco años más. En 2025, al final de su misión, el satélite el MEV-1 llevará al satélite de Intelsat a una órbita que se conoce como el “cementerio”, se desacoplará y el MEV-1 navegará en el espacio en busca de su próximo cliente. 

Las opiniones publicadas en esta columna son responsabilidad del autor y no representan ninguna posición por parte de Business Insider México.

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