Ivonne Vargas

Ivonne Vargas

Laberinto Laboral

La pandemia por Covid-19 impactó de tal forma que, lo que para algunos iba a ser una interrupción momentánea de las clases, se ha convertido en un esquema de educación en línea para más de 37 millones de estudiantes en México.

Esto ha puesto de manifiesto las graves deficiencias y desigualdades de nuestros sistemas educativos, incluyendo los sistemas en línea.

Estábamos en una supuesta normalidad, en la que hablamos de futuro, de profesores -en teoría- capacitados para facilitar el aprendizaje y en cómo preparar a los jóvenes en habilidades requeridas por el mercado, aun cuando México tenga pobres resultados en las pruebas que miden esas competencias.

Y de repente, la preparación del alumno se acota a la educación a distancia. ¿Cómo garantizamos el aprendizaje y la inclusión para los jóvenes bajo este esquema?

Un estudio de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), publicado en mayo, refirió que, con apenas unas semanas de desescolarización forzosa, los estudiantes pueden perder más del 10 % de los aprendizajes adquiridos. Si eso pasa en semanas, ¿qué puede ocurrir cuando este confinamiento termine?

Incluso, qué sucederá con los estudiantes que durante el confinamiento no han contado con alternativa alguna de aprendizaje en el país, hecho que impacta a 3 de cada 10 mexicanos que no cuentan con medios para acceder a la red, ya sea por falta de aparatos, conectividad o lejanía.

¿Cómo es la educación en línea con buenos resultados?

Educación interrumpida por temporada de Covid-19 es sinónimo de educación reconstruida, de nuevas oportunidades, dijo Andreas Schleicher, director de competencias y PISA de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), hace algunas semanas.

Esta crisis es también una oportunidad de transformación educativa real. Olvidemos el asunto de las terminologías ¿nuevas o viejas normalidades?, ¿qué determina la normalidad? cuando lo anhelado es que los jóvenes no pierdan los conocimientos ganados sino que los mejoren.

El meollo de este asunto es cómo logramos que los alumnos adquieran-en realidad- las competencias para enfrentar esta o cualquier otra crisis y que, a su vez, la educación a distancia sea realmente inclusiva. Lo primero, por obvio que suene, y adicional a dotar de equipo a quienes no cuentan con él, es la capacitación en empatía de los profesores.

Los maestros -previo a la pandemia- veían más limitada su capacitación y eso debe cambiar.

Es importante capacitar en empatía para saber que detrás de cada alumno (a) hay una vida social, familiar diferente: se están enfrentando a estudiantes que tienen meses en casa, lidiando con una convivencia atípica. Compartiendo su aprendizaje con papá y mamá, cuando los padres de familia eran los primeros en delegar -literalmente- la educación al docente, me cuenta Ricardo Phillips, director general en la Universidad Insurgentes, institución que hoy cuenta con 25,000 alumnos en 25 planteles, y que durante la pandemia hay apoyado a 20,000 jóvenes con algún tipo de beca

La educación del futuro

Ese cambio de switch -dice- requiere tener a los profesores más entrenados. O se empieza por ellos o el cambio -para bien- no sucede en la educación en o fuera de línea.

Esta pandemia nos debe hacer recordar que tenemos estudiantes que viven ya en la sociedad del siglo XXI, en la revolución 4.0, entre algoritmos que condicionan y predeterminan decisiones.

Alumnos que sin importar la formación deberán saber sobre analítica de datos, desarrollar su autonomía, su pensamiento crítico. En otras palabras: ser los responsables y no las víctimas de su crecimiento profesional.

Y si a esto agrega que, en muchos casos, esos chicos representan la primera generación con carrera en sus familias, como sucede con 80% de los alumnos en la Universidad Insurgentes, extrapolemos la importancia de contar con profesores y escuelas que entienden que el Covid- 19, apalancado por la tecnología, es el parteaguas para romper la brecha social y de habilidades en forma expansiva, con una plataforma.

Pero … no vayamos tan rápido, para que el desafío para la educación en línea en México prospere, se debe empezar porque los directores en las universidades actualicen la forma de evaluar y capacitar al profesorado, y que ese por fin se comprometa con competencias y habilidades digitales, y otras relacionadas con el trabajo de futuro,

Lo segundo es la brecha digital, sino no se logra trabajar sobre este aspecto, además del vinculado a los docentes, la modalidad de educación en línea, al menos en los niveles básico y medio superior, terminará como una caricatura de educación remota de la cual hemos dado cuenta ya en otras décadas. ¿No lo crees?

Las opiniones publicadas en esta columna son responsabilidad del autor y no representan ninguna posición por parte de Business Insider México.

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