Carlos Brown

Carlos Brown

Colectivo

Vivir bien en sociedad cuesta dinero. Esto parece un hecho innegable en el modelo econ√≥mico, social y pol√≠tico en que vivimos, pero especialmente a poco m√°s de dos a√Īos del inicio de esta pandemia global que parece no tener fin. En estos meses hemos aprendido sobre lo importante que es invertir en hospitales p√ļblicos equipados y con medicamentos disponibles, en espacios p√ļblicos para pasar el rato o hacer actividades f√≠sicas, en escuelas p√ļblicas bien equipadas donde tener papel sanitario no sea casi un lujo, en espacios culturales p√ļblicos y abiertos que nos permitan distraernos y entretenernos sin tener que pagar una proporci√≥n enorme de nuestras quincenas.

Varios pa√≠ses alrededor del mundo parecen haber entendido esto mejor que otros. Dado que esta vida buena en sociedad cuesta, es innegable la importancia de contar con ingresos suficientes para poder tener acceso a todos estos servicios p√ļblicos. Lo entendi√≥ Chile, donde el presidente Boric propuso ‚ÄĒen medio de la discusi√≥n sobre la posible nueva constituci√≥n chilena‚ÄĒ esta semana su reforma al sistema tributario chileno, con la que busca recaudar ingresos equivalentes al 4.1% del producto interno bruto (PIB) del pa√≠s sudamericano, con una recaudaci√≥n tributaria actual de 19.3% del PIB. El paquete incluye un mayor impuesto sobre la renta para grandes fortunas, un nuevo impuesto a la riqueza a las 6,300 personas m√°s ricas del pa√≠s y nuevas regal√≠as al sector minero, uno de los m√°s importantes del pa√≠s.

As√≠ lo entiende B√©lgica, donde el gobierno del primer ministro conservador Alexander De Croo anunci√≥ recientemente una reforma tributaria profunda en el peque√Īo pero muy influyente pa√≠s europeo, cuya capital es sede del bloque regional. El gobierno de De Croo ‚ÄĒformado por una coalici√≥n de siete partidos de distintas posiciones ideol√≥gicas‚ÄĒ prepara una reforma fiscal considerada ‚Äúradical‚ÄĚ que incluir√° el aumento de los impuestos al capital y la consecuente disminuci√≥n de los impuestos a las personas trabajadoras, reforzar√° los grav√°menes para fortalecer la agenda medioambiental y para gravar las enormes ganancias del sector el√©ctrico en medio del exorbitante aumento de los precios de la energ√≠a.

Tambi√©n lo entendi√≥ Colombia, donde el presidente electo Petro ‚ÄĒde la mano de su futuro ministro de Finanzas, el reconocido economista Jos√© Antonio Ocampo‚ÄĒ ha propuesto una reforma tributaria que incluir√≠a mayores impuestos para las 4,000 fortunas m√°s grandes del pa√≠s, una evaluaci√≥n y reducci√≥n de los beneficios tributarios ‚ÄĒen la forma de exenciones, deducciones y dem√°s figuras que reducen la recaudaci√≥n potencial‚ÄĒ, un nuevo impuesto para que se declaren y graven los dividendos de las empresas, entre otras medidas. Con esto, el pr√≥ximo gobierno colombiano espera recaudar hasta 5.5 puntos del PIB, casi un tercio de la recaudaci√≥n actual colombiana de 18.7% de su PIB.

Por √ļltimo, lo entendieron tambi√©n los 136 pa√≠ses que se han sumado hasta el momento al acuerdo fiscal global que se empuja desde el Grupo de los 20 (G20) y la Organizaci√≥n para la Cooperaci√≥n y Desarrollo Econ√≥micos (OCDE) ‚ÄĒconocida como el club de los pa√≠ses ricos‚ÄĒ, donde desde hace casi una d√©cada se discute una reforma internacional que pondr√≠a fin al tratamiento diferenciado que dan los pa√≠ses a las grandes empresas multinacionales. A pesar de las cr√≠ticas a su alcance y construcci√≥n ‚ÄĒpues deja fuera las demandas de los pa√≠ses del sur global‚ÄĒ, este acuerdo pondr√≠a un piso m√≠nimo de 15% en la tasa de impuesto sobre la renta empresarial y obligar√≠a a que se cobren los impuestos donde se realicen las operaciones.

Pero, a diferencia de sus principales socios en la Alianza del Pac√≠fico ‚ÄĒy los que m√°s han empujado por pol√≠ticas econ√≥micas neoliberales en la regi√≥n, por cierto‚ÄĒ, en M√©xico parece que a√ļn no lo hemos entendido. A pesar de las potenciales ganancias para nuestro pa√≠s por los avances en la negociaci√≥n del acuerdo fiscal global y de los recientes esfuerzos del SAT por recaudar m√°s de grandes contribuyentes, estos esfuerzos parecen seguir siendo insuficientes para aumentar considerablemente los ingresos p√ļblicos.

M√©xico se mantiene en el √ļltimo lugar de los pa√≠ses de la OCDE y a la cola de los pa√≠ses de Am√©rica Latina y el Caribe en cuanto a la recaudaci√≥n de impuestos, lo que nos hace una anomal√≠a fiscal en el mundo. Esto se debe a que los incrementos en la recaudaci√≥n tributaria, loables a pesar del reciente y sostenido estancamiento econ√≥mico en el pa√≠s, han servido solo para compensar la ca√≠da de los ingresos p√ļblicos por la venta de petr√≥leo y gas durante la √ļltima d√©cada, como muestra la Figura 1 con cifras del mismo gobierno federal.

Ingreso presupuestarios del sector puŐĀblico federal

Ning√ļn esfuerzo por aumentar la recaudaci√≥n federal de impuestos en M√©xico ser√° sostenible en el largo plazo sin empujar una reforma tributaria progresiva y profunda que revise el tratamiento diferenciado que hace el ISR a las personas trabajadoras y al capital; que elimine los privilegios fiscales que representan los beneficios tributarios ‚ÄĒexenciones, deducciones y reg√≠menes especiales‚ÄĒ, fuertemente concentrados en el 10% de la poblaci√≥n con mayores ingresos; que obligue a los escalones m√°s altos de pago de ISR a pagar tasas m√°s altas; y que, en general, deje atr√°s todas las pol√≠ticas tributarias que sostienen y amplifican las desigualdades y el trato diferenciado e injusto que beneficia a unas cuantas personas, las m√°s ricas de nuestra sociedad.

En un movimiento poco esperado, en abril de 2020 en pleno confinamiento global, el peri√≥dico conservador Financial Times ‚ÄĒconocido por sus posiciones que hist√≥ricamente han apuntado a una menor presencia del estado en la econom√≠a‚ÄĒ sorprendi√≥ con una editorial donde reconoc√≠a los errores cometidos en el pasado con sus recomendaciones de pol√≠tica durante las √ļltimas d√©cadas y reconoc√≠a que las reformas radicales deber√°n estar de nuevo sobre la mesa, que se deben ver los servicios p√ļblicos como inversiones, no como cargas, y que la redistribuci√≥n ser√° debatida otra vez, con ‚Äúpol√≠ticas consideradas exc√©ntricas hasta ahora, como la renta b√°sica y los impuestos a las rentas m√°s altas‚ÄĚ entre las propuestas.

El mundo parece estar escuchando el llamado de, incluso, los más escépticos. Ojalá el gobierno mexicano lo haga pronto.

La reforma tributaria que no será (en México)

Las opiniones publicadas en esta columna son responsabilidad del autor y no representan ninguna posición por parte de Business Insider México.

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