• La IA generativa acaba de iniciar una nueva fase.
  • Desafortunadamente, esta pinta para ser menos bonita que la anterior.
  • Muchas startups de IA están mostrando signos de debilidad tras un periodo de inmenso auge.
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Cuando por fin se escriba la historia de los años de la Inteligencia Artificial (IA) generativa de esta década, este último mes marcará probablemente el momento en que el sector tuvo que empezar a pensárselo dos veces a la hora de despertar expectativas.

Desde el lanzamiento de ChatGPT, la emoción por la IA ha estado en todas partes. Las empresas que apuestan por ella han arrasado en el Nasdaq. Miles de millones de dólares (mdd) han entrado en las startups. Y personalidades como Bill Gates han declarado que la tecnología es “tan revolucionaria como los celulares y el internet”.

Esa euforia puede ser más difícil de justificar tras una serie de acontecimientos recientes.

Startups que en su día recaudaron miles de mdd han diluido sus ambiciones. Fundadores hambrientos han cedido ante los poderes de las grandes tecnológicas. Y la oportunidad de que todo el mundo se haga rico simplemente diciendo “IA” parece menos prometedora.

En otras palabras, comenzó una nueva era en la que el éxito es mucho menos seguro de lo que parecía al principio.

Las empresas de IA se topan con obstáculos

Uno de los acontecimientos más reveladores de esta nueva fase lo protagonizó la semana pasada un rival de OpenAI de apenas dos años llamado Inflection AI.

La startup anunció que su cofundador Mustafa Suleyman —que también cofundó DeepMind— se marchaba para dirigir una nueva unidad de IA en Microsoft.

La empresa que Suleyman puso en marcha con el veterano de la tecnología Reid Hoffman también estaba reduciendo la prioridad en torno a Pi (su competidor de ChatGPT) para los consumidores.

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Mustafa Suleyman, procedente de Inflection AI, se incorporará a Microsoft |
Cortesía: Inflection

No es ninguna sorpresa para nadie decir que esto ha generado un poco de conmoción en el corazón de la comunidad de la IA. Después de todo, Inflection tenía un valor de 4,000 mdd, después de que recaudó 1,300 mdd en junio de 2023 de Bill Gates, Nvidia y el ex CEO de Google Eric Schmidt.

En aquel momento, la empresa mostró públicamente una gran confianza en su IA, que pretendía hacer de Pi (su chatbot) un “compañero amable y comprensivo” para sus usuarios.

Suleyman incluso consideró oportuno pregonar la IA personal como “la herramienta más transformadora de nuestras vidas”.

No obstante, ahora su líder y un grupo de ingenieros e investigadores de alto nivel se fueron.

Hasta llegaron.

Además, enseguida se vio que Inflection AI no era la única que tenía problemas.

Stability AI —la empresa de 1,000 mdd que está detrás del generador de imágenes de IA Stable Diffusion— anunció que su consejero delegado, Emad Mostaque, dejó el cargo. 

¿Por qué lo hizo? Al parecer, para poder “dedicarse a la IA descentralizada”.

Mientras tanto, The Information reportó de que otro rival de OpenAI —esta vez Cohere, fundada en 2019 por exingenieros de Google— generó solo 13 mdd en ingresos a finales del año pasado.

Ahora está en negociaciones para conseguir más dinero, señalaron otros reportes.

¿Qué salió mal?

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Emad Mostaque deja su cargo de consejero delegado de Stability AI | Cortesía: Stability AI

Estas empresas han sido algunas de las más populares en el sector de la IA en el último año. ¿Qué sucedió?

En primer lugar, como señaló mi compañera Ali Barr, la IA tiene un pequeño problema con los consumidores. En el caso de Inflection, su giro hacia los clientes empresariales se produjo cuando Pi apenas consiguió un promedio de un millón de usuarios diarios. Eso no es mucho si se tiene en cuenta la escala del mercado de consumo.

Inflection ofrecía Pi como chatbot gratuito, aunque estuvo considerando la posibilidad de una suscripción de pago, de acuerdo con Axios. Es difícil saber cuánta tracción habría ganado en un mercado en el que todos sus rivales ofrecen un chatbot gratuito para atraer al mercado de masas.

Cohere trató de ser inteligente con el mercado de consumo, evitándolo por completo. Desde el principio se ha centrado en las empresas. Sin embargo, el hecho de que haya tenido problemas para aumentar los ingresos es una señal de que el interés de los compradores por la IA empresarial puede ser un éxito o un fracaso.

Por su parte, Mostaque (de Stability) parece que admitió que las grandes empresas tecnológicas tienen un poder incuestionable en IA. En un artículo publicado en X, afirmó que la IA centralizada no va a verse vencida por “más IA centralizada”.

No obstante, pocas empresas independientes parecen capaces de avanzar en este campo sin el respaldo de un actor de primera fila.

Stability —que recaudó fondos de un colectivo de especialistas en inversión privada, como Coatue y Lightspeed Venture Partners— ha tenido dificultades para conseguir el respaldo de una gran empresa tecnológica que sí tienen sus rivales.

Puede que quiera entrar en su “siguiente fase de crecimiento”. No obstante, autodefinirse como una empresa de IA puede no ser suficiente para garantizar el éxito en esta nueva era.


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