Paul Sánchez

Paul Sánchez

Energía Circular

Seguramente han escucha esta frase: “México llegó tarde a la revolución industrial”. Y es que mientras en Gran Bretaña se rastrean sus inicios a finales del siglo XVIII, en México llegó hasta finales del siglo XIX, casi 100 años después. Mientras que en Europa se mecanizaba la industria textil, se incrementaban los caminos; el transporte marítimo y se instalaban grandes extensiones de líneas férreas, en México descansábamos fuertemente en la manufactura textil; no había fuerte conectividad entre los centros de producción y de consumo y nos fuimos rezagando, en contraste, particularmente de Estados Unidos, donde los estados del norte comenzaban a industrializarse rápidamente.

Pero no termina ahí. México llegó tarde a otras revoluciones: la revolución tecnológica, la revolución digital, la revolución informática e incluso la revolución de la industria 4.0. Ya encarrerado, también podría debatirse que llegamos tarde a la revolución democrática, la revolución de los derechos humanos; los derechos económicos y culturales y, por su puesto, los derechos ambientales. Ante este panorama, me pregunto: ¿esta vez llegaremos tarde a la revolución renovable?

Si pudiéramos dividir el mundo en dos categorías, aquellos que generan innovación tecnológica y aquellos que adoptan las innovaciones, ¿dudaríamos que México está en la segunda? Aunque, en su justa dimensión, México, por lo general, es un país que adopta tecnología en sus fases tempranas.

Tarde para la energía renovable

En este momento parece que nos golpea la tormenta perfecta y hemos cerrado no solo la puerta del desarrollo de energía renovable en nuestro país; también la ventana de la adopción temprana de las tecnologías que nos permitirían ser competitivos en la escena internacional.

Hoy la tendencia es clara: países, empresas, fondos de inversión; centros de investigación y la sociedad en general están apostándole a las energías renovables y a su crecimiento en la matriz energética. Es una ventana de oportunidad que, como siempre, aprovecharán los que trabajan en asirse de ella.

De tal forma que, mientras en otros países se hablan de techos solares, aviones de hidrógeno, trenes eléctricos; baterías de energía térmica, hidrógeno verde o azul y hogares 100% libres de combustibles, en México seguímos discutiendo respecto del despacho de plantas de carbón y planes de compra a pequeños productores, de intermitencia y de captura regulatoria.

Indudablemente estamos perdiendo tiempo valioso que podría dedicarse a fomentar el desarrollo científico y tecnológico para integrar energías renovables a las redes y destruir de una vez por todas el mito de la intermitencia, a crear subastas que tengan mayores beneficios para los usuarios y CFE a costa del riesgo que asuman los privados o expandir las redes de transmisión y distribución a las zonas más vulnerables y marginadas del país.

De lo contrario, este periodo pasará a la historia de México como el tiempo en que nuestro país llegó tarde a la revolución energética que redefinió el sistema económico y social a nivel internacional. Esperemos que esta vez no sean 100 años tarde, porque tenemos todo para hacer que la energía trabaje por ti, por mi y por todos nosotros.

Las opiniones publicadas en esta columna son responsabilidad del autor y no representan ninguna posición por parte de Business Insider México.

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