Paul Sánchez

Paul Sánchez

Energía Circular

En las últimas dos décadas hemos vivido un acelerado proceso de digitalización que ha transformado radicalmente industrias tradicionales que están íntimamente vinculadas a mercancías físicas. Las personas han dejado de tener álbumes llenos con fotografías impresas para ser reemplazados por miles de fotografías digitales almacenadas en la nube o guardadas en una red social. Lo mismo podemos decir de cintas, discos compactos, libros, revistas y medios de comunicación.

Quizá hay cientos de casos que pueden ejemplificar cómo algunas de las expresiones materiales más tradicionales de épocas pasadas se han transformado en cadenas de información digital que son interpretadas por computadoras, tablets y teléfonos inteligentes pero y, si bien el dinero no se ha digitalizado todavía, existen monedas fiduciarias, que son completamente digitales y no tienen un respaldo del estado, llamadas criptomonedas.

La más conocida es el Bitcoin, pero existen cientos de criptomonedas con sus propias características. Estas monedas digitales realizan procesos de minería virtual que requieren grandes cantidades de poder de procesamiento y, por ende, genera una gran demanda de energía. Se espera que para 2020, los ingresos anuales de la industria sean de $3,000 millones de dólares, mientras que los gastos asociados serán de 2,994 millones de dólares. Esto significa que más del 99% de los ingresos se utilizan para cubrir los costos, y más del 80% del costo es el pago de electricidad.

En consecuencia, la minería de criptomonedas es una actividad sumamente intensiva en energía de forma tal que sea ha convertido en una fuente de preocupación mundial en cuanto a las emisiones de gases de efecto invernadero y a los desequilibrios que generan en mercados desregulados de energía donde los costos marginales que genera esta minería pueden generar una sensible pérdida de bienestar para el resto de los consumidores o requerir el despacho de fuentes más caras y contaminantes de energía para cubrir la demanda.

De acuerdo con datos de Digiconomist, se estima que el consumo eléctrico por minería de Bitcoin en 2019 fue de 64 TWh, esto es equivalente a una quinta parte de la generación eléctrica de México en el mismo año. Para comparar, el consumo eléctrico de la minería de Bitcoin en el mundo fue prácticamente igual que el consumo de todos los automóviles eléctricos que circularon en 2019 en el planeta.

Debido a lo anterior, se estima que las emisiones de Bióxido de Carbono equivalente que se arrojaron a la atmosfera debido a la minería de Bitcoin fueron 28.44 millones de toneladas y se produjeron 9,740 toneladas de basura electrónica en el proceso y esto sin considerar otras criptomonedas como Ethereum que en 2019 consumió casi 8 TWh, casi el doble que la electricidad consumida por todos los vehículos eléctricos de Estados Unidos en el mismo año.

No obstante, la esperanza es que este problema se resuelve en la medida que se integren más fuentes renovables y sistemas de almacenamiento de energía para sostener el consumo energético intensivo en la minería de dados y, a la par, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que hoy caracteriza a la industria de las criptomonedas a nivel internacional.

Si bien podría parecer que éste es un fenómeno aislado a la industria de las criptomonedas, quizá en un futuro no muy lejano podríamos ser testigos de la digitalización de todas las monedas nacionales, así como en su momento el papel moneda reemplazó al dinero mercancía, como las monedas de oro y plata, éste podría ser reemplazado por cadenas de datos interconectadas digitalmente lo cual, sin duda, requerirá un modelo energético diferente.

Las opiniones publicadas en esta columna son responsabilidad del autor y no representan ninguna posición por parte de Business Insider México.

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