• Pocas mujeres en edad productiva entran a la economía remunerada, y 70% de quienes lo hacen gana menos de dos salarios mínimos.
  • En opinión de Mariana Villasuso, gerente de Políticas Públicas en Stori, el sistema financiero no ha logrado permear información adecuada sobre sus productos de ahorro e inversión en la población femenina.
  • Villasuso plantea diseñar productos financieros de ahorro e inversión que realmente consideren los contextos socioculturales y económicos de las mujeres.
  • ¡Nos vemos en TikTok!

Mujeres y hombres ahorran por igual; sin embargo, son ellos quienes representan la mayoría en el uso de productos de inversión. ¿Por qué sucede esto? El análisis puede desprenderse de tres variables específicas y la primera es la brecha de género en la participación laboral formal y por tanto, en los ingresos que existen en México. 

De acuerdo con El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), pocas mujeres en edad productiva entran a la economía remunerada, y 70% de quienes lo hacen gana menos de dos salarios mínimos. A esto se debe sumar que solo una minoría crece su trayectoria profesional, por lo que no llegan a puestos de mayor sueldo. 

La brecha salarial en México varía dependiendo del sector económico en donde esté el empleo, pero —de manera general— es de 14%, según datos de la misma organización. Esto quiere decir que por cada 100 MXN que gana un hombre, una mujer gana 86 MXN por hacer el mismo trabajo. Esto es relevante porque uno de los obstáculos que las mujeres identifican para ahorrar es justo la falta de ingresos. 

Es importante no sólo ver los ingresos de las mujeres, sino también sus egresos. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF), las mujeres destinan —igual que los hombres— sus ahorros formales sobre todo a gastos por imprevistos y a gastos personales de comida y/o servicios.

No obstante, otra salida importante para ellas se relaciona con la educación y la salud, que incluye la propia y la de sus dependientes económicos. 27% se van para estos rubros, mientras que los hombres sólo destinan a los mismos puntos 17%. 

En ese sentido me pregunto: con un ingreso menor y con más compromisos económicos, ¿cómo es posible ahorrar o, incluso, invertir? 

Lanzo esta pregunta y continúo con el segundo parámetro que es la autopercepción que tienen las mujeres de que no hay opciones de productos financieros de ahorro y/o inversión que vayan de acuerdo con sus contextos.

Como mencionaba anteriormente, la ENIF 2021 nos muestra que las razones principales por las cuales las mujeres no han tenido una cuenta de ahorro formal son: ingresos insuficientes o variables (34%); no la necesita (31%), se piden requisitos que no pueden cumplir (8%) y, por último, 7% declaró no saber cómo usarla. 

La información no llega a las mujeres

Esto nos demuestra tres cosas: primero, que las mujeres tenemos una creencia generalizada de que no podemos acceder a una cuenta de ahorro porque tenemos ingresos insuficientes.

Esto comprueba nuevamente que el sistema financiero no ha logrado permear información adecuada sobre sus productos de ahorro e inversión en este grupo poblacional, considerando que sí hay productos en el mercado que permiten abrir cuentas desde los 13 pesos, aproximadamente, y con liquidez o disponibilidad del dinero inmediata.

Adicionalmente, las instituciones financieras no han sido capaces de explicar la utilidad de estos productos porque, como ya vimos, 3 de cada 10 mujeres no han querido utilizarlos, ya que no creen que sean de utilidad o necesarios.

En este punto planteo la pregunta: ¿qué podemos hacer desde las instituciones financieras innovadoras para que las mujeres puedan acceder a productos de ahorro e inversiones que son seguros y que les ayudarán a hacer crecer su dinero? 

La cultura de inversión necesita más mujeres líderes

Mi tercera condicionante es una reflexión hacia el panorama cultural. Nos educaron de tal manera que pensamos que el dinero y el uso de productos financieros es cosa de hombres, mientras que las mujeres sólo debemos administrar el recurso (que, por cierto, casi nunca es nuestro) por los medios que tengamos a nuestro alcance.

Esto se encuentra directamente relacionado con el uso de mecanismos financieros informales por parte de las mujeres, como el ahorro debajo del colchón y las tandas.

La ENIF nos muestra que las mujeres tienen sustancialmente más acciones de ahorro informal que los hombres, siendo que 70% de las mujeres que tienen el hábito de ahorro lo hacen de manera informal. 

Lo motivante es que cada vez hay más organizaciones que promueven el ahorro y la inversión formal de las mujeres, a quienes les ofrecen asesoría y acompañamiento  en estas tareas. También es alentador que, de acuerdo con una encuesta de Boston Consulting Group (BCG), la brecha de género en materia de inversión disminuye en las nuevas generaciones. ¡Bravo! 

Y para quienes trabajamos en el sistema financiero, las invito a pensar en maneras innovadoras de diseñar productos financieros de ahorro e inversión que realmente consideren los contextos socioculturales y económicos de las mujeres, para que resuenen en este grupo poblacional.

Esto no sólo porque permitirá garantizar los derechos económicos de las mujeres, sino porque también contribuirá al crecimiento y el desarrollo de nuestro país. 

Mariana Villasuso es gerente de Políticas Públicas en Stori, y vicepresidenta del Comité de Género e Inclusión de la Asociación Fintech, que trabaja para brindar servicios financieros innovadores, digitales y de calidad, así como para promover la inclusión en dicho sector. 

Las opiniones publicadas en esta columna son responsabilidad del autor y no representan ninguna posición por parte de Business Insider México.

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