Paul Sánchez

Paul Sánchez

Energía Circular

Oh, Susana, no llores más por mi

Voy por mi montón de oro en el Lone Prairie.

– Merrie Melodies (1942)

Alguna vez te has preguntado: ¿Qué significa el nombre de los “49s” de San Francisco? En 1848 comenzó una fiebre del oro en el norte y noreste de California. Muchos buscadores de fortuna del este y centro de Estados Unidos comenzaron a migrar al estado en busca de riqueza instantánea con modesto capital. En 1849 se generó el pico de la migración y a todos estos buscadores de fortuna que llegaron entre 1848 y 1855 se les denominó “forty-niners” o los “49s”.

Una fiebre similar sucedió con la fiebre del petróleo, el oro negro, en Pensilvania entre 1859 y 1880. Igual de salvaje que la fiebre del oro, la fiebre del petróleo atrajo a muchos buscadores de fortuna y muy pocos de estos realmente hicieron grandes riquezas. Era una apuesta, pero la entrada era realmente barata si la suerte te sonreía.

Gracias a esto, el petróleo se convirtió en la principal fuente de energía desde mediados del siglo XX y lo encontramos como el motor de la movilidad nacional e internacional, pero también se utiliza como fuente de generación de electricidad y calor. Sin embargo, esfuerzos recientes señalan la tendencia en el mediano plazo de disminuir su uso paulatinamente y transitar hacia el hidrógeno. Entonces, ¿estamos viviendo la fiebre del hidrógeno?

Las transiciones hacia nuevas formas de combustibles no son ajenas a la historia energética mundial. En iluminación, hemos transitado de aceite de ballena a queroseno a la bombilla eléctrica. En materia de generación eléctrica pasamos de pequeñas hidroeléctricas, a grandes plantas de carbón a plantas de gas natural y al gran crecimiento de renovables en tiempos recientes. En movilidad hemos pasado del uso de animales de carga a locomotoras de maquinas de vapor al uso de derivados de petróleo como gasolinas, diésel y combustóleo.

El hidrógeno se ha convertido en lo que en su momento representaba la energía nuclear, un mundo de posibilidades que podría transformar y unificar la producción y consumo de energía en el largo plazo. Lo mismo para la producción de electricidad y calor a través de plantas de hidrógeno cuyo residuo es agua, como para el almacenamiento de energía y como principal sustituto para automóviles; vehículos de carga, trenes ligeros y pesados, además de otros usos industriales de alto valor.

Los centros de investigación de los países desarrollados, una suerte de buscadores de fortuna modernos, están apostando al desarrollo de tecnologías basadas en hidrógeno para resolver los obstáculos de la transición energética, de manera tal que, así como los primeros buscadores de fortuna de oro y petróleo probaron su suerte y, algunos, lograron riqueza y desarrollo regional, lo mismo pasará con los países punteros que dan los primeros pasos en la fiebre del hidrógeno.

México tiene alto potencial para el desarrollo de una industria basada en el desarrollo de aplicaciones de hidrógeno, solo es cuestión de mirar al futuro y dejar de lado el pasado y las viejas glorias, pues de lo contrario, terminaremos comprando la tecnología de otros países, sí como los buscadores de fortuna que llegaron tarde a la fiebre del oro, terminaron haciendo ricos a los vendedores de palas y picos.

Las opiniones publicadas en esta columna son responsabilidad del autor y no representan ninguna posición por parte de Business Insider México.

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