• Este artefacto, construido en la década de los sesenta, será usado como patrón para elaborar modelos baratos y fáciles de usar.
  • Se podrían construir réplicas por 2,000—4,000 euros (entre 50,000 y 100,000 pesos) en Europa, pero los costos bajarían si se producen en un país en desarrollo.
  • Gerwin Smit, jefe del proyecto, quiere compartir sus planos de forma gratuita y enviar una réplica a investigadores en Guatemala.
 

Científicos holandeses decidieron acudir al pasado para encontrar tecnología que les ayudara a combatir al coronavirus, por eso sacaron de la estanterías de un museo un respirador de los años sesenta.

El artefacto, un respirador East Radcliff de fabricación inglesa, será usado como patrón para elaborar modelos baratos y fáciles de usar.

«El beneficio de este aparato es que el núcleo de la máquina es enteramente mecánico, así que no necesitas software ni electrónica para manejar el sistema», dijo el profesor Gerwin Smit, de la Universidad Delft y cerebro del proyecto.

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Su equipo calcula que se pueden construir réplicas del respirador por 2,000—4,000 euros (entre 50,000 y 100,000 pesos) en Europa, pero los costos bajarían si se hicieran en un país en desarrollo o tuvieran una producción masiva.

Smit, un ingeniero protésico, dijo que la idea se le ocurrió el mes pasado, mientras el virus se propagaba rápidamente por Países Bajos, y parecía que el país se quedaría corto de camas hospitalarias y respiradores.

Sabía que los primeros respiradores tenían partes simples, pero necesitaba uno con el que poder trabajar e identificó un modelo East Radcliff como una buena posibilidad.

Tras buscar en internet, encontró que el museo de ciencias Boerhaave de Leiden tenía uno en su colección. «Llamé al museo (y) les pedí tomar prestado el respirador y también les dije que lo iba a desarmar», señaló.

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Una extraña petición

El director del museo, Amito Haarhuis, reconoció que al principio le sorprendió la petición. «Está absolutamente prohibido prestar nuestras piezas del museo, por no hablar de desarmarlas», afirmó.

No obstante, ante la profundidad de la actual crisis sanitaria, el museo hizo una rápida excepción. «Hay vidas en juego», indicó Haarhuis.

Envió el respirador a la Universidad Delft y el equipo de Smit lo desarmó pieza a pieza para ver cómo funcionaba.

«Hay un humidificador hecho desde una olla a presión, lo que me sorprendió realmente, y la caja de manivelas que hay dentro es la de la rueda trasera de una bicicleta», señaló.

Su equipo quiere compartir sus planos de forma gratuita y enviar una réplica a investigadores en Guatemala.

Con información de Reuters

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