Paul Sánchez

Paul Sánchez

Energía Circular

“La inteligencia artificial es la nueva electricidad”

Andrew Ng

La digitalización es un tema muy íntimamente ligado a la energía pero hay que diferenciar los efectos exógenos y endógenos de esta relación. Los efectos exógenos de la digitalización tienen que ver más con el proceso de transformación de bienes, productos o procesos. Ya hemos abordado esto: cómo las monedas, los discos y los libros se vuelven cadenas de datos digitales que requieren en última instancia de energía eléctrica. Por ejemplo, ya no usamos la Guía Roji para ubicarnos sino Google Maps y los estudiantes de hoy ya no necesitan tener una enciclopedia ilustrada sino solo acceso a Wikipedia.

A lo anterior se añade la digitalización de clásicos electrodomésticos y otros electrónicos que no solo se automatizan, sino que se interconectan a las redes de internet dando pie al denominado internet de las cosas. Más allá de aparatos a los que ya nos hemos acostumbrado — computadoras, consolas de videojuegos y televisores —, esta es una tendencia también en lavadoras, refrigeradores, aires acondicionados y hasta la iluminación en general; todo puede ser controlado por medio las redes con un celular u otro dispositivo conectado en la misma red de nuestra casa o hasta remotamente por medio de internet.

Pero, por otro lado, existen efectos endógenos de la digitalización en el sector eléctrico. La digitalización implica a su vez un proceso de adaptación y rápida respuesta a un entorno cambiante como lo es una mayor integración de energías renovables y almacenamiento. Las centrales eléctricas y los grandes centros de consumo se encuentran interconectados a través de medios de comunicación remotos ya sea por internet convencional o comunicaciones satelitales, de tal forma que pueden procesar información en tiempo real e integrarla a una red más robusta con un despacho inteligente.

Operadores y redes inteligentes conectados en tiempo real, en conjunto con generadores y representantes de los consumidores y otros comercializadores, tendrían la posibilidad de enviar datos más precisos sobre la generación y consumo, lo que evitaría la programación de generación en exceso y reduciría las pérdidas técnicas. Asimismo, podría ayudar a una mejor integración de energías renovables en tiempo real y a poner a disposición de los ciudadanos información precisa, también, al instante.

Acompañando esta interconectividad va de la mano la inteligencia artificial y la ciencia de datos para el desarrollo de algoritmos y máquinas de autoaprendizaje que permitan integrar gran cantidad de datos en tiempo real, tales como clima, precios, operaciones, demanda y almacenamiento, lo que otorgaría una mayor confiabilidad en la operación del sistema eléctrico.

Adicionalmente, los centros de consumo integran medidores inteligentes y sistemas de generación distribuida y almacenamiento que pueden interactuar de forma continua con la red y habilitar la venta de energía solar o almacenada; demanda controlable y otros productos en beneficio de la red. En caso de impago, también permite la desconexión y conexión remota sin cuadrillas de cuerpos técnicos o grandes tiempos de espera.

Un hogar inteligente podría decidir si en un momento dado del día usa la energía de la red para almacenarla o para cargar un automóvil eléctrico; o bien vender energía de un sistema de generación distribuida o compartirla con sus vecinos o, ¿por qué no?, donar sus excedentes a un asilo, iglesia o escuela.

La digitalización e interconectividad son, indudablemente, dos de los temas que reflejan el brillante futuro del sector eléctrico, descentralizado y descarbonizado y esto habilita algo más: democratizado. Ya hablaremos de eso la siguiente semana.

Las opiniones publicadas en esta columna son responsabilidad del autor y no representan ninguna posición por parte de Business Insider México.

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