• Para que una retroalimentación sea efectiva debe contener un componente de evaluación y otra información que contenga, además de la respuesta corregida, información adicional sobre el tema, errores cometidos y soluciones.
  • Retroalimentar es un arte, pero también lo es saber recibirlo.
  • Si el destinatario no se siente cómodo durante la recepción, sigue siendo improductiva.
  • Por eso aquí te van unos consejos para dar retroalimentación, y también por si vas a recibirla.

¿Me das tu opinión?

Reflexiona sobre las modalidades de retroalimentación que has tenido.

Tal vez tu jefe respondió: «No estamos allí, ¿cómo se le ocurrió una idea similar?».

En cambio, en otra ocasión: “¡Ya llegaste tarde dos días!”.

Otra más: “La forma en que colocaste la tapa no me convence. Los títulos son demasiado largos y la imagen es bastante anónima. Nuestros lectores están fascinados por nuestros gráficos y la inmediatez con la que presentamos los contenidos, este número no parece respetar el estándar habitual y puede que no se venda como esperamos. ¿Podrías hacer algo para que la portada sea más atractiva? ”.

También piensa en cuándo tuviste que dar la retroalimentación.

Lo que la retroalimentación dice de tu capacidad de adaptarte

Cada vez más especialistas en neurociencia coinciden en que la mejor manera de medir la inteligencia y el potencial adaptativo de un ser vivo es contar la cantidad de retroalimentaciones que su sistema nervioso es capaz de recibir, generar y procesar.

El tema se ha estudiado ampliamente. Raymond W. Kulhavy y William A. Stock, investigadores en Ciencias de la Instrucción en la Universidad Estatal de Arizona, en Retroalimentación en la instrucción escrita: la respuesta que escribes, para ser eficaz, debe contener una evaluación, además de la respuesta corregida, información adicional sobre el tema, errores cometidos y soluciones.

Charles S. Carver, miembro de la facultad de psicología de la Universidad de Miami, y Michael F. Scheier, jefe de departamento y miembro de la facultad de psicología de la Universidad Carnegie-Mellon, argumentan que cuando un individuo encuentra un obstáculo para perseguir una meta, lo reconsidera todo, la situación evaluando lo fructíferos que pueden ser los esfuerzos adicionales y los nuevos planes de acción.

Ofrecer retroalimentación es un arte, pero también recibirla

Robert B. Ammons, doctor en psicología clínica experimental, sostiene que un retraso en el envío de comentarios compromete su efecto sobre el rendimiento.

Bourne Lyle E. Jr, profesor emérito de la facultad de Psicología de la Universidad de Colorado, responde que, si las actividades realizadas durante la espera no impiden recordar el comportamiento examinado, posponerlo no afecta el aprendizaje.

Lo cierto, en este río de estudios y opiniones, es que retroalimentar es un arte, pero también lo es saber recibirlo.

Parece, por ejemplo, que si el destinatario no se siente cómodo durante la recepción, sigue siendo improductiva.

Estas y otras técnicas se explican en Thanks for the Feedback , publicado por Franco Angeli. Un libro editado por Andrea Laudadio y Francesco Nicodemo, dos profesores que recogieron experiencias, proyectos reales e investigaciones de campo, a quienes les pedimos un pequeño manual.

Aquí están 5 formas de generar retroalimentación:

1. Que no sea demasiado genérica

Siempre se debe evitar la retroalimentación demasiado genérica, porque corres el riesgo de enredar más al destinatario, reduciendo su grado de aprendizaje.

Más bien, debe estar elaborado y enriquecido con detalles. Explicar por qué una respuesta es correcta, por ejemplo, podría ayudar al destinatario a no detenerse en un conocimiento superficial de los hechos, mejorando la capacidad de asimilar la solicitud en sí.

Para formularlo adecuadamente, es útil preguntarse: ¿qué pasó?, ¿dónde y cuándo?, ¿quién estaba involucrado?, ¿cómo afectó a los demás?

2. Enfócate para que nos desvíes la atención

Ten cuidado al calibrar la información. Cuando hay demasiados detalles sobre las distintas fases de una tarea, la retroalimentación puede ser demasiado dispersa y desviar la atención de los aspectos realmente importantes.

También puede interferir con la tarea en sí o llevar a enfocarse solo en el objetivo inmediato y no en las estrategias para lograrlo.

3. Que sea frecuente

Se cree ampliamente que es mejor dar comentarios frecuentes. De hecho, administrarlos con demasiada frecuencia podría evitar que el receptor metabolice las nuevas indicaciones.

Además, también existe el riesgo de depender demasiado de fuentes externas para juzgar el desempeño de uno, lo que reduce las oportunidades para desarrollar las habilidades de autoanálisis necesarias.

4. La forma y el fondo son importantes

La elección del tipo de retroalimentación debe estar estrictamente relacionada con las peculiaridades del carácter del destinatario. Pero también es importante cómo te comunicas.

Por ejemplo, el método Rosenberg, también llamado lenguaje de la jirafa (la jirafa es el animal con el corazón más grande) es muy eficaz para evitar conflictos. Se utiliza en muchas empresas y se basa en los principios de autoempatía, empatía y autoexpresión honesta.

Consiste en recurrir a expresiones como «por favor» y «gracias» , y en expresar emociones sin herir al interlocutor, sin esperar, pero proponiendo, con frases como: «Me gustaría que hicieras …».

Ciertamente, si el destinatario percibe simpatía y espíritu de participación en el remitente, a su vez su contribución en el ámbito laboral incluirá conciencia, optimismo y proactividad.

5. Presta atención a tu interlocutor

Al recibir comentarios, asegúrate de prestar la máxima atención a las palabras del interlocutor.

En caso de cansancio o poca concentración es recomendable posponer el proceso para otro momento. De lo contrario, en la fase de escucha es necesario tener en cuenta la retroalimentación en su totalidad y no solo las partes que parecen convencernos más, para así entender lo más posible la perspectiva de los demás.

Al final de la conversación será bueno resumir lo dicho junto con el emisor, con el fin de asegurarse de que ha entendido completamente el significado de la retroalimentación y evitar malentendidos, demostrando así interés en el otro y su opinión.

6. Ten claros tus objetivos

Tanto el dador como el receptor de la retroalimentación deben responder estas preguntas: ¿cuál es mi objetivo?, ¿cómo llego hasta ahí? ¿Y a qué conducirá el logro de ese objetivo?

Tres preguntas que sirven para comprometer, a pesar de los obstáculos, y no dejar inconclusas las actividades emprendidas, estimulando el compromiso y asegurando así un mayor logro. En el caso de la retroalimentación no productiva, no caigas en la tentación de dejarte llevar por las emociones del momento.

Buscar un chivo expiatorio, cerrarse a escuchar la humillación recibida o adoptar una actitud defensiva para justificarse son ejemplos de conductas a evitar.

Aquí están las cuatro estrategias para manejar la ansiedad por retroalimentación:

Haz preguntas

La retroalimentación es mucho más manejable cuando sabes qué esperar.

La mente puede concentrarse libremente en los temas a discutir o en la autoevaluación, sin caer víctima del terror de lo desconocido.

Siempre busca comentarios

Puede parecer contradictorio, si recibirlo crea ansiedad, ¿por qué deberíamos buscarlo? Si bien siempre esperas estar tratando con un supervisor que pueda brindar retroalimentación de la manera más efectiva, no siempre es así.

Recibir comentarios limitados a elogios o críticas puede parecer una forma rápida para que una persona ansiosa presente una práctica incómoda, pero no ayuda a la larga.

Saber qué habilidades aprender o mejorar tiene un valor inestimable: es una oportunidad de crecimiento que también te permitirá aprender a manejar mejor otras situaciones similares. Por lo tanto, siempre vale la pena solicitar comentarios detallados.

Antes de recibir la retroalimentación, haz una lista de tus fortalezas y proyectos que se han completado de manera eficiente

Tener una lista de logros es una excelente manera de fomentar la confianza en uno mismo y calmar la ansiedad.

Evita las sorpresas

El dador de retroalimentación tiene el poder de calmar a un receptor ansioso incluso antes de comenzar. Por ejemplo, si la retroalimentación que estás a punto de proporcionar no es más que un resumen de la información ya compartida, es una buena idea especificarla.

Si, por el contrario, el remitente no tiene esta delicadeza, es aconsejable intentar ser proactivo y solicitar una retroalimentación más frecuente: tener un control constante del propio desempeño con retroalimentación focalizada sobre los objetivos alcanzados y sobre los avances logrados hará que el sujeto sea más consciente de su trabajo, y su nivel de estrés disminuirá.

No siempre es fácil, pero es mejor que posponer todo el tiempo y encontrarse dando un salto en la oscuridad.

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