Paul Sánchez

Paul Sánchez

Energía Circular

“Nuestro uso de fuentes fósiles nos empuja a un punto de no retorno”.

– Barack Obama

La masificación del automóvil permitió una transición energética, particularmente de la energía utilizada para la movilidad. Esto permitió resolver complicados problemas públicos que enfrentaban las grandes ciudades de aquel entonces como Nueva York y Londres a causa de los desechos de los caballos, el principal medio de transporte de aquel entonces, en forma de estiércol, orina y cadáveres.

Sin embargo, a pesar de los problemas que resolvió, la adopción de nuevas formas de energía y tecnologías trajeron consigo sus propios problemas. Si bien, la basura de hoy, relacionada con las fuentes fósiles es multivariada y presentan sus propios retos, por ejemplo, las llantas usadas, las baterías, la minería del carbón o los mismos automóviles usados, su subproducto más característico son las emisiones de gases de efecto invernadero.

La masificación del automóvil y el desarrollo de plantas eléctricas basadas en las fuentes fósiles como carbón mineral y derivados del petróleo generaron un incremento en la emisión de gases de efecto invernadero lo cual hizo evidente una serie de problemáticas sociales y ambientales.

El calentamiento global comenzó a tomar relevancia en el mundo a partir de los 1990s, particularmente con la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro, Brasil, en 1992. El tema abordado particularmente era el vínculo entre las emisiones de gases de efecto invernadero con el uso de fuentes fósiles de energía con el calentamiento global y éste último con el cambio climático.

Para la década de 1900s, el incremento de la temperatura de la tierra había sido de 0.2 grados centígrados, con la masificación de los automóviles en los 1950s se alcanzó un incremento de 0.5 grados centígrados comparado con la temperatura promedio de la segunda mitad del siglo XIX. Para el año 2000, ya había alcanzado los 0.7 grados y en 2018 – 2019 un incremento de 1.2 grados centígrados.

Indudablemente, el desarrollo económico, científico, tecnológico y social del mundo está íntimamente ligado a una mayor disponibilidad de energía, lo cual abrió un mundo de posibilidades para ampliar la frontera de expansión de la economía global a un costo importante, el cambio climático.

No sería justo decir que había alternativas pues, como indicaba en el artículo de la semana anterior, en el pasado también había impactos ambientales insostenibles en el largo plazo. Sin embargo, es importante notar que es esta problemática pública de carácter global el principal motivo por el cual la comunidad internacional ha presionado por una transición energética acelerada basada en la diminución de la intensidad del uso de fuentes fósiles de energía y mayor uso de fuentes de energía renovables y almacenamiento.

Muchos avances sólidos se han dado en ese camino, solar y eólica ahora han aportado 10% de la energía consumida en el mundo, mientras que la generación basada en carbón mineral ha perdido casi la misma cantidad, un 8% en el mismo periodo, de tal forma que no es imposible pensar que en un futuro no muy lejano podríamos ver su sustitución como fuente primaria de energía.

Sin embargo, las fuentes renovables y verdes, el almacenamiento, los automóviles eléctricos, el hidrógeno y otras tecnologías que están definiendo el futuro de energía ¿no generan basura, desperdicios o desechos de algún tipo? La respuesta es sí y así como en el pasado el caballo generaba un impacto al ambiente y hoy las fuentes fósiles también, es un hecho que en el futuro, la basura energética también cambiará y de eso hablaremos la siguiente semana. Hasta entonces.

Las opiniones publicadas en esta columna son responsabilidad del autor y no representan ninguna posición por parte de Business Insider México.

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